La importancia de la comunicación en pareja

Hay conversaciones que cuestan. Y luego están las conversaciones en pareja sobre sexualidad, que muchas veces parecen una mezcla entre una entrevista incómoda, una escena dramática y un examen para el que nadie estudió.

Sin embargo, pocas cosas fortalecen tanto una relación como la capacidad de hablar de aquello que nos vulnera sin sentir que el vínculo está en peligro.

Tener dificultades sexuales no significa que la relación vaya mal.

Tampoco significa que alguien esté fallando. Pero lo que sí suele generar distancia es el silencio, las interpretaciones y la sensación de que “mejor no saco el tema”.

¿Y si en lugar de solucionar, empezamos por comprender?

Comunicación. Parece evidente, pero no lo es. Menos aún si no estamos acostumbrados a tratar temas sensibles. A muchas parejas les pasa que “podemos hablar de todo”, pero esa frase no siempre incluye el sexo. Dependerá de nuestra educación, de nuestras experiencias y de la forma en la que aprendimos a mostrarnos vulnerables que estas conversaciones incómodas puedan darse o no.

Recuerda: por cada conversación incómoda en pareja, también se construye una base más sólida de confianza.

Se trata de abrir un espacio donde poder expresarnos sin sentirnos juzgados. Sin presión. Sin urgencia. Sin soluciones rápidas. Explicar cómo lo está viviendo uno y otro puede ayudarnos a entender qué puedo hacer yo o qué necesita el otro de mí.

Y no pasa nada si no son capaces o si les cuesta, porque para eso también estamos las sexólogas.

La dificultad de sostener conversaciones incómodas

Evidentemente queremos tener encuentros para disfrutarlos. Y entiendo que cuando esto no ocurre aparezca frustración. Pero esa emoción debemos aprender a abordarla cada uno sin depositarla automáticamente en el otro. Aquí hay algo importante que conviene entender con calma:

👉 La emoción que aparece es de cada uno.
👉 La forma de sostenerla, también.

Eso no significa que la pareja no importe, sino que no podemos colocar en el otro la responsabilidad de resolver todo lo que sentimos por dentro. Cuando una persona empieza a sentirse responsable del malestar emocional del otro, el encuentro deja de ser un espacio de conexión… y se convierte en un lugar de tensión.

Una de las claves más difíciles, y también más transformadoras, es poder escuchar lo que el otro comparte sin traducirlo automáticamente como un ataque personal.

  • Si alguien dice: “Me está costando conectar”, no significa: “No me gustas”.
  • Si alguien dice: “No me he sentido cómodo”, no significa: “Lo has hecho mal”.
  • Si alguien dice: “No me apetece hacerlo ahora”, no te está rechazando a ti, está rechazando el encuentro puntual.

Pero para que eso ocurra hace falta algo poco habitual: escuchar sin interpretar. Muchas veces lo que se activa no es únicamente la dificultad sexual en sí, sino el miedo al rechazo, a no gustar, a no ser suficiente. Y ahí es donde todo se complica.

Sacar el tema no te convierte en adicto o problemático

Hablar de sexualidad no significa estar obsesionado con el sexo. Igual que hablar de tristeza no te convierte en una persona depresiva.

A veces, hemos aprendido que si algo relacionado con el sexo nos preocupa, incomoda o genera dudas, lo mejor es callarlo para no parecer “demasiado intensos”, “exigentes” o “problemáticos”. Y claro, el silencio queda elegantísimo… hasta que empiezan la distancia, las interpretaciones raras y los “ya se arreglará solo”.

Hablar no convierte un problema pequeño en uno grande. De hecho, normalmente ocurre al revés. Poner palabras ayuda a que las cosas dejen de convertirse en fantasmas. Muchas veces no necesitamos tener la conversación perfecta. Solo necesitamos dejar de actuar como si no estuviera pasando nada.

Sacar el tema ayuda porque a veces el otro no sabe cómo hacerlo

Hay personas que detectan rápido que algo pasa y otras que no. Algunas necesitan hablar enseguida y otras tardan más en entender qué sienten o cómo expresarlo. Y no siempre es falta de interés. Muchas veces simplemente no saben cómo sacar el tema sin herir, sin generar tensión o sin sentirse vulnerables.

Por eso, cuando una persona se atreve a abrir la conversación desde un lugar cuidadoso, suele ocurrir algo importante: le está facilitando al otro un espacio donde también poder mostrarse. A veces ambos están preocupados… y ambos esperando a que el otro empiece.

Y es curioso, porque muchas parejas pueden coordinar una hipoteca, unas vacaciones o una mudanza, pero decir “oye, creo que esto nos está afectando” parece que pudiese poner en riesgo la relación.

¿Cuándo es el mejor momento?

Spoiler: probablemente no sea justo después de un encuentro sexual frustrante.

Cuando estamos activados emocionalmente solemos hablar desde la defensa, la culpa o la necesidad urgente de resolver. Y desde ahí es más fácil interpretar que comprender.

El mejor momento suele ser uno en el que ninguno de los dos esté a la defensiva ni con la sensación de “tener que rendir examen”. Un paseo, una comida tranquila, un rato de sofá o cualquier contexto donde la conversación no aparezca como un juicio inmediato sobre lo ocurrido.

Y algo importante: hablar de sexualidad no siempre tiene que ocurrir únicamente cuando hay un problema.

De hecho, las parejas que mejor se comunican sobre sexo no son necesariamente las que nunca tienen dificultades, sino las que han aprendido a hablar también cuando las cosas van bien.Cuanto más naturalizamos estas conversaciones, menos peso, miedo y dramatismo acumulan.

Dicho esto, tranquil@s! No por entender la teoría, podemos ser buenos en la práctica. El asesoramiento sexológico abre espacios para que estas conversaciones se den. Es paradójico que nos sintamos más cómodos hablando de esto delante de alguien que no conocemos que de nuestra propia pareja, pero es así en muchas ocasiones.

¿Empezamos?

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