El clítoris

Hay algo bastante curioso en cómo hemos aprendido la sexualidad: muchas personas podrían señalar perfectamente dónde está el hígado en un dibujo anatómico… pero todavía tienen dudas sobre dónde está y cómo es realmente el clítoris.

Y no, no es “un botoncito”. Aunque durante años pareciera que esa era toda la información disponible.

El clítoris es un órgano cuya única función es dar placer y, aun así, ha sido invisibilizado durante muchísimo tiempo en la educación sexual, en los discursos médicos e incluso en los atlas anatómicos. De hecho, hasta hace relativamente poco seguían circulando representaciones incompletas de su estructura.

No fue hasta 1998, que la doctora, uróloga australiana Helen O'Connell, utilizando tecnología de resonancia magnética, demostró que es un órgano interno mucho más grande de lo que se enseñaba en los libros de texto médicos. Es ahí cuando obtuvimos la primera imagen completa del mismo. No parece cierto, ¿verdad? Y sin embargo, lo es.

Mucho más que la parte visible

Lo que vemos externamente es solo una pequeña parte, encontramos visible el glande y el capuchón del clítoris. El clítoris también tiene una estructura interna que rodea parte de la vulva y que participa en las sensaciones de placer mucho más de lo que solemos imaginar.

¿Cómo vamos a relacionarnos con nuestro cuerpo si no sabemos cómo es y nadie nos enseñó realmente cómo funciona?

La gran olvidada de la educación sexual

Durante mucho tiempo, el placer femenino parecía algo secundario, opcional o misterioso. Como si el orgasmo femenino fuera una especie de fenómeno paranormal difícil de investigar.

Cuando la realidad es que no se destinaban recursos a investigar un órgano asociado exclusivamente al placer y situado en el cuerpo femenino. No parece especialmente casual, pues no existe un órgano homólogo en el cuerpo masculino.

También influye la manera en la que culturalmente hemos entendido el sexo. Muchas veces se ha colocado la penetración en el centro de las relaciones sexuales, dejando fuera otras formas de placer, de estimulación y de encuentro.

Y claro, si toda la educación sexual gira alrededor de evitar riesgos y reproducirse, terminamos creciendo sin apenas herramientas para entender qué nos gusta, cómo sentimos placer o cómo comunicarnos sexualmente.

¿Y qué pasa con la estimulación?

Aquí también encontramos muchísimos mitos. No existe una única manera “correcta” de estimular el clítoris, igual que no existe una única forma válida de vivir la sexualidad y como diría Emily Nagosky: no existe una forma correcta de experimentar deseo.

Algunas personas disfrutan de estimulación más directa y otras prefieren algo más suave o indirecto. Algunas necesitan más tiempo, más conección emocional o sentirse relajadas para conectar con el placer, etcétera.

Por eso el autoconocimiento no debería verse como algo egoísta o vergonzoso, sino como una forma de entender mejor nuestro propio cuerpo.

Resulta difícil pedir, compartir o disfrutar cuando ni siquiera hemos tenido espacio para explorar qué nos hace sentir cómodas.

Hablar del clítoris también es educación sexual

La educación sexual no debería consistir solo en aprender qué riesgos evitar. También debería ayudarnos a entender nuestro cuerpo desde un lugar más amable, más curioso y bastante menos vergonzante.

No es extraño que todavía existan dudas, inseguridades o incluso culpa alrededor de la masturbación y del placer femenino.

Hablar del clítoris no debería ser algo revolucionario en 2026. Y sin embargo, aquí seguimos, descubriendo todavía información básica sobre anatomía sexual que nunca nos enseñaron.

Nos vemos en la consulta!

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