Hay momentos en los que el deseo desaparece y el sexo deja de estar en nuestra lista de prioridades. Simplemente…dejamos de tener ganas o no nos apetece tanto y no sabemos dar respuesta a por qué nos está ocurriendo esto, especialmente cuando “a mí siempre me apetece”.
La falta de deseo sexual es una consulta bastante frecuente en sexología y puede aparecer en cualquier etapa de la vida. El problema es que solemos interpretarla rápidamente como una señal de que “algo va mal”: en mí, en mi pareja o en nuestra relación. Y no tiene por qué ser así.
El deseo sexual no funciona con un interruptor
Una de las ideas más importantes en sexología es que el deseo no aparece siempre de la misma manera. A veces surge de forma espontánea, pero otras veces aparece después de comenzar a conectar con el cuerpo, con las sensaciones o con otra persona.
Esto es especialmente importante en las relaciones de larga duración. Esperar a que aparezcan unas ganas enormes de sexo antes de iniciar cualquier encuentro puede convertirse en un círculo bastante poco útil: no tengo deseo, por eso no tengo sexo; como no tengo sexo, tengo todavía menos oportunidades de conectar con el deseo.
Lori Brotto, psicóloga clínica e investigadora especializada en sexualidad, ha estudiado especialmente la relación entre atención plena, deseo sexual y dificultades sexuales. En su trabajo plantea que el deseo no depende únicamente de una “libido” que tenemos o dejamos de tener, sino también de nuestra capacidad para estar presentes, conectar con las sensaciones y reducir factores que interfieren con la respuesta sexual, como el estrés, la preocupación o la autoexigencia.
Una perspectiva especialmente interesante cuando hablamos de deseo, porque nos recuerda que a veces el problema no es que nuestro cuerpo haya dejado de querer sexo, sino que llevamos demasiado tiempo intentando tenerlo mientras nuestra cabeza está ocupada en absolutamente todo lo demás.
¿Por qué puede desaparecer el deseo?
El deseo sexual puede verse afectado por multitud de factores. El estrés, el cansancio, los problemas laborales, los cambios hormonales, determinadas medicaciones, la maternidad o paternidad, las preocupaciones económicas o una mala relación con el propio cuerpo pueden tener mucho más peso del que solemos imaginar.
También puede ocurrir dentro de la pareja. El resentimiento acumulado, la falta de intimidad, sentir que el sexo se ha convertido en una obligación o vivir los encuentros sexuales con presión por “cumplir” pueden hacer que nuestro cerebro aprenda algo muy sencillo: sexo = tensión.
Y, sinceramente, resulta bastante complicado desear aquello que sentimos que tenemos que hacer.
No siempre necesitamos recuperar el deseo: a veces necesitamos entenderlo
Cuando alguien llega a consulta diciendo “ya no tengo deseo”, la pregunta no debería ser únicamente cómo conseguir que vuelva. Antes conviene preguntarse cuándo empezó a cambiar, qué estaba ocurriendo en ese momento y cómo estamos viviendo actualmente nuestra sexualidad.
Porque no es lo mismo no tener deseo sexual porque estamos atravesando una etapa de estrés que sentir que nunca hemos aprendido a reconocer qué nos excita. Tampoco es igual haber perdido el deseo hacia una pareja concreta que experimentar una disminución generalizada del interés sexual.
Esther Perel explora en ‘Mating in Captivity: Unlocking Erotic Intelligence’ la relación entre deseo, intimidad, seguridad y novedad dentro de las relaciones de pareja, planteando una cuestión especialmente relevante: aquello que nos hace sentir seguros y conectados no siempre es lo mismo que aquello que alimenta nuestro deseo.
El deseo también tiene biografía. Nuestras experiencias, aprendizajes, relaciones, inseguridades, expectativas y experiencias sexuales anteriores forman parte de nuestra manera de vivirlo.
Entonces, ¿se puede recuperar el deseo?
En muchos casos sí, pero no suele consistir en buscar una técnica mágica para aumentar la libido. Puede implicar recuperar espacios de intimidad, reducir la presión sexual, volver a conectar con el propio cuerpo, explorar qué nos gusta actualmente o revisar determinadas dinámicas dentro de la pareja.
Y, sobre todo, aprender a escuchar lo que nuestro deseo, o su ausencia, está intentando contarnos.
Porque quizá la pregunta no sea “¿cómo consigo tener más ganas de sexo?”, sino una bastante más interesante: “¿qué necesito para volver a sentirme disponible para el placer?”
¿Te sientes identicad@? Te espero en la consulta!
Para profundizar
Brotto, L. A. Better Sex Through Mindfulness: How Women Can Cultivate Desire. Greystone Books, 2018.
Perel, E. Mating in Captivity: Unlocking Erotic Intelligence. HarperCollins, 2006.




