¿Qué hacer si tu pareja tiene dificultades en la cama?

Si tu pareja tiene dificultades en la cama y no sabes qué hacer, en esta entrada te comparto aquellos aspectos que observo en consulta. En próximas entradas, les compartiré qué podemos hacer si nos ocurre a nosotras mismas en vez de a nuestra pareja.

Cuando las dificultades sexuales en pareja se mantienen en el tiempo, suele tener más peso que la dificultad misma todo lo que construimos alrededor: dudas, inseguridades, interpretaciones y, muchas veces, silencio.

Y claro, en ese silencio cada uno empieza a hacerse su propia película.

Y otra cosa no, pero somos muy buenos en eso. Inconscientemente nos vamos alejando o bien vamos normalizando lo que ocurre y llega un punto en el que no sabemos en qué momento y cómo hemos llegado hasta aquí.

También están quienes, a la primera de cambio, problematizan algo sin contextualizar y obviando que no significa nada que un día el encuentro sexual no sea como estábamos acostumbrados. En este caso, inconscientemente también, cuando le damos demasiada importancia puede que agravemos los encuentros futuros por no haber sabido ser tolerantes.

El rendimiento no entiende de deseos

Vivimos en una cultura que ha convertido el sexo en una especie de examen: erección, orgasmo, frecuencia, desempeño. Y desde ahí, cualquier dificultad se vive como un fallo.

Pero la sexualidad no funciona así. El cuerpo no responde bajo presión. El deseo no aparece por obligación. Y la intimidad no se sostiene desde la exigencia.

El problema del sexo, muchas veces, es cómo lo hemos aprendido.

Si la dificultad ocurre estando en pareja, la responsabilidad es de la pareja

Cuando aparece un conflicto en un encuentro sexual, la solución no está en señalar a uno, sino en mirar hacia la pareja. No se trata de buscar culpables, sino de que ambos se impliquen como parte activa del proceso de mejora.

Lo que ocurre en la intimidad incumbe a los dos por igual, y las cuestiones de pareja, precisamente por eso, se trabajan en pareja. Cargar todo el peso en una sola persona no solo es injusto, sino que suele agravar la situación: aumenta la presión, la culpa y la desconexión.

En cambio, cuando ambos se implican, aunque no tengan aún las respuestas, ya están haciendo algo importante: dejar de pelearse con la situación y empezar a sostenerla en equipo.

Cuando no sabéis cómo abordarlo

Cuando no tenemos facilidad para abordar ciertos temas en pareja, ya sea por vergüenza, miedo o simplemente porque nunca lo hemos hecho, es fácil quedarse bloqueados o directamente evitarlo. Y aunque eso alivie a corto plazo, a la larga suele generar más distancia.

En pareja no se trata de tener razón ni de ver quién lo está haciendo mejor, sino de poder construir algo que funcione para los dos. Y eso implica ajustar, ceder y, sobre todo, intentar entender qué le está pasando al otro sin colocarse automáticamente en contra. No siempre es cómodo, pero es necesario si se quiere avanzar.

Y si llega un punto en el que no sabéis cómo hacerlo, si sentís que ya habéis probado lo que estaba en vuestra mano o que el tema se hace demasiado difícil de sacar sin que se complique, quizá es momento de dejar de hacerlo solos. La consulta sexológica no es un último recurso, sino un espacio donde poder entender qué está pasando, poner palabras a lo que cuesta y empezar a abordarlo desde otro lugar.

¡Nos vemos en consulta!

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